viernes, agosto 06, 2010

Víctimas y perpetradores


No hay paz hasta que las víctimas y los perpetradores no se encuentran.
Ambos sienten alivio cuando logran estar juntos. Y de esta manera, el sistema vuelve a tener equilibrio.

Recientemente, un amigo murió. Y mi ejercicio personal, al mirar su ataúd, fue observar a su lado a la persona que lo mató. Aunque pueda sonar escabroso o raro, fue mi mejor acto de balance. Ellos deben estar juntos. Así lo decidieron. Y mi mejor acto de respeto y amor por su sistema es poder mirarlos juntos, sin juicios.

Mirándolo sistémicamente:

¿Qué pasa cuando en un sistema se excluye a un perpetrador? Un tío de la familia X mató a un hombre hace muchos años. Fue a la cárcel y ninguno de los miembros de su familia quiso visitarlo, no hablaban de él, sentían vergüenza y fue excluido.

En otra familia, la Y, un hombre fue asesinado, y se convirtió en una víctima. El dolor fue tan grande que no se habló de este tema. Se callaron las circunstancias.

En cada una de estas familias hay un desbalance, un lugar vacío. En la familia X, el excluido es el perpetrador. En la familia Y, el excluido es la víctima. ¿Qué sucede luego?

En las generaciones posteriores, y para lograr balance, alguien en la familia mirará esto que para los demás fue difícil mirar. Y entonces, un miembro de la familia X buscará a un perpetrador, para darle lugar a este tío asesino que fue excluido. Y un miembro de la familia Y, buscará una víctima para su propio sistema.

X y Y se encuentran y sucede lo inevitable. Y mata a X. En nombre de esta lealtad familiar e invisible de cada uno. Así, y solo así, nuevamente víctima y perpetrador pueden estar juntos.

¿Cómo se soluciona este embrollo?

Dando lugar a ambos: a las víctimas y a los perpetradores de tu sistema. Honrando a los que dieron su vida buscando a un excluido o mirando algo que ningún otro pudo ver. Con amor y con dolor, dejamos a los muertos en el lado de los muertos. Para que los vivos puedan hacer algo con sus vidas.

Mirarlo, asentir al destino del otro, saber que ese que murió o dio muerte también pertenece y que tiene su lugar.



“Te dejo en la muerte. Con amor y dolor. Honro tu destino. Por favor, mírame con cariño si me quedo con vida y lo hago un poquito diferente. Te miro y miro a tu perpetrador. Ambos tienen un lugar en mi corazón”



Autor del texto:
Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares

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